3469 kilómetros

“It’s a volunteer page of people that they living at camp or they been before to see the situation of camp and make the camp famous to find some donors for this camp community specially for children and newborn” (sic.) (web de Nea Kavala Camp, Facebook)

Nea Kavala Camp
Fotografía de la web: https://www.facebook.com/neakavalacamp/

“Los sueños son para dormir”. Así, tan realista y desesperanzada, es la sentencia de alguien que vive en un campo de refugiados, alguien que ve cómo su vida pasa por la larga espera para tener una primera reunión que comience la oficialización y normalización de su movilidad (de tres a cuatro años de espera desde su salida del país de origen, del que salió no precisamente por iniciar un viaje turístico), la falta de planes para proyectar esa vida, la incomprensión ante cómo la institución europea no le ofrece oportunidades de construir un presente digno, la necesidad de vivir día a día sin poder pensar cuándo y dónde poder construir no ya sueños de futuro, sino alternativas de presente.

No es necesario viajar 3469 kilómetros, los que separan a España y Grecia, para asumir la terrible realidad migratoria (el drama en la frontera sur también nos acompaña desde hace muchos años), no es neceario viajar esos miles de kilómetros para saber cómo cientos, miles, cientos de miles, millones de personas pusieron y ponen rumbo a Europa (tierra de los “derechos humanos”, cuyo lema se supone “unida en la diversidad”), personas que han huido en un tremendo éxodo migrante, irresoluto con casi una década a sus espaldas y con el detonante de la guerra siria. Sí es verdad que contactar con la realidad directa de contextos y campos de refugiados (en suelo europeo) te recoloca la cabeza y la proyección social que un ciudadano europeo pueda mantener interiorizada gracias a la burbuja en la que vivimos.

Nea Kavala Camp
Fotografía de la web: https://www.facebook.com/neakavalacamp/

Solo algunos datos para hacer memoria: el Acuerdo migratorio UE-Turquía se firmó en el 2016. Debido al acuerdo UE-Turquía, muchas personas procedentes de países considerados, a priori como productores de “migrantes económicos” en lugar de “refugiados”, eran detenidas automáticamente con vistas a hacerlas regresar a Turquía (Amnistía-Internacional, 2017-2018). Cabe señalar, siguiendo la información recabada por Amnistía, que el programa de reubicación de la UE seguía siendo, para quienes tenían derecho a acogerse a él, uno de los canales formales disponibles para salir de Grecia -principal receptor de migración en esa coyuntura-, y acceder a otro país europeo en condiciones seguras. Sin embargo, los solicitantes de asilo que habían llegado a Grecia con posterioridad a la entrada en vigor del acuerdo UE-Turquía fueron excluidos arbitrariamente del programa; un global de 21.703 solicitantes de asilo, de los 66.400 que estaba previsto reubicar con arreglo al programa, habían sido reubicados en otros países europeos desde Grecia, y, por otro lado, en relación con las condiciones de recepción del país heleno, existe una gran preocupación por la seguridad en muchos de los campos de refugiados que quedaban, sobre todo en los saturados “puntos críticos” de las islas: solo hace falta señalar un dato escalofriante que nos advierte de la tremenda actualidad que hoy, en estos momentos, se vive: el campo de refugiados de Moria, Lesbos, Grecia, soporta más de 10.000 personas refugiadas, un espacio pensado solo para una cabida de 2500 personas.

En esta situación, la respuesta institucional europea no puede ser una precaria ayuda humanitaria, sino una respuesta que realmente comprenda e implemente soluciones de compromiso con la dignidad: respuesta digna humanitaria, que incorpore soluciones sanitarias, habitacionales, psicológicas, educativas, y sin ninguna duda, de futuro.

Desde el proyecto “Artes, Cultura y Educación para el Desarrollo“, colaboramos con la ONG Open Cultural Center, dedicada a la atención educativa, en Polikastro (Grecia), la cual se enfrenta diariamente a la construcción de ese difícil futuro, mientras Europa sigue jugando a la espera y demora de plazos para poner en marcha una acción conjunta, justa y realista. En este contexto, más que nunca, la educación sigue siendo sinónimo de esperanza. Sabemos todos que la solución debe ser una acción institucional por gobiernos y estados, pero ese mientras sigue sucediendo. Y en ese mientras, los 3469 kilómetros viajados en avión que separan Madrid de Atenas se convierten en insignificantes ante los 9 kilómetros entre la costa turca y Lesbos, recorridos en esos precarios y peligrosos dinghies (pateras) atestados de personas, entre extensos kilómetros de conflictos bélicos de Siria, Irak o Afganistan y la frontera europea, entre los 1839 kms. entre Alepo (Siria) y Polikastro (Grecia), donde está el campo de Nea Kavala, un (no)lugar donde hace pocas semanas llegaron 1000 personas sumando más de 2000 en un espacio pensado para 750. Un no lugar donde los sueños son solo para dormir, solo para eso.

 

Referencias:

Amnistía-Internacional. (2017-2018). Amnistía Internacional. Obtenido de https://www.amnesty.org/es/countries/europe-and-central-asia/greece/report-greece/

CEAR. (2018). CEAR. Obtenido de https://www.cear.es/13-000-personas-aun-atrapadas-las-islas-griegas/

OCC. (2019). Open Cultural Center. Obtenido de http://www.openculturalcenter.org

 

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